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Casa Nacional del Bicentenario

LABORATORIO

Un espacio para los procesos de trabajo

A modo de un infome de laboratorio iremos contando, en esta sección, el porceso de trabajo de la próxima muestra de la Casa Nacional del Bicentenario, prevista para el segundo semestre de 2021. 

Palabras preliminares

El 16 de marzo del año 2010 se inauguró la Casa Nacional del Bicentenario con Mujeres 1810-2010, una exposición que recorrió de manera integral la vida pública y la vida privada de las mujeres a través de doscientos años de historia. En 2020, al cumplirse una década del nacimiento de la CNB, y con un perfil del espacio más alineado al arte contemporáneo, surgió la propuesta de relanzar aquella experiencia iniciática pero enfocada en el desarrollo de los últimos años. Si hubo un movimiento en la reciente década que creció exponencialmente y produjo un innegable, imparable, irremediable e innegociable impacto social, político y cotidiano, ese fue el de los feminismos y los colectivos LGBTQI+. Estos cambios también fueron los que generaron las condiciones de posibilidad para que en la actualidad la Argentina, gracias a la decisión política del Presidente de la Nación, cuente con un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, organismo al que el Ministerio de Cultura (a través de la Casa Nacional del Bicentenario, la Dirección Nacional de Museos y la Secretaría de Patrimonio Cultural) ha convocado para trabajar en colaboración (hecho que se concretó a través de la Dirección Nacional de Políticas Culturales para la Igualdad de Géneros, dependiente de la Subsecretaría de Formación, Investigación y Políticas Culturales para la Igualdad).

La nueva muestra, a la que denominamos Mujeres, géneros, diversidades 2010-2020 y que queda enmarcada entre dos hitos de la historia reciente: la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, está programada para la segunda parte del año 2021 y, junto a los equipos de ambos ministerios, se encuentra trabajando un comité asesor de lujo, integrado por Georgina Gluzman, Cecilia Palmeiro, Nancy Rojas y Julia Rosemberg. Durante los últimos cinco meses, ellas diseñaron los contenidos con los que nos encontraremos en un futuro y los han estructurado en cinco grandes ejes: 1) Genealogías, 2) Cuerpo-Territorio, 3) Vínculos-Deseos, 4) Trabajo y 5) Imaginarios. En este sentido, para acompañar la espera hasta la inauguración de la exposición, decidimos empezar a compartir virtualmente con nuestros públicos parte del contenido elaborado en este tiempo a través de “palabras clave” o, como también nos gusta decir, “palabras llave” (según su traducción literal del inglés), en tanto que las entendemos como conceptos que sirven para abrir puertas, trayectorias y otras posibilidades de ser y pensarnos. Semanalmente, entonces, agregaremos una nueva palabra o frase, enmarcada en un eje de trabajo, a modo de adelanto de este proyecto que nos entusiasma sobremanera y que esperamos que a quienes tengan la posibilidad de leer estos anticipos textuales y, más adelante, de visitar la exposición, les pase lo mismo.

El comité asesor

En el año 2010 se inauguró la muestra Mujeres 1810-2010, con la asesoría de Dora Barrancos, Mirta Zaida Lobato y Laura Malosetti Costa, y con la curaduría de Valeria González. Esta exposición fue un auténtico parteaguas en la visibilización de historias y prácticas artísticas fuera del orden establecido. A más de diez años de este hito, nos proponemos repensar a la luz de los cambios sociales, estéticos y políticos algunos de los temas abordados por esta exhibición pionera, así como ampliar el panorama a partir de la puesta en crisis del sujeto “mujer” como eje del feminismo.

Dividida en secciones que tratan de aislar fenómenos complejos e imbricados, Mujeres, géneros, diversidades 2010-2020 propone un recorrido no lineal, atravesado por preguntas que ponen en cuestión aspectos culturales que hasta hace poco se consideraban bastiones inamovibles. Nuestra intención no es contar los cambios ocurridos en torno a los debates sobre mujeres y diversidades sexuales con ayuda de algunas obras y de algunos episodios sociales, sino ayudar a comprender que es en esos lugares donde se dan las disputas de sentido que permiten imaginar otros mundos y otras formas de habitarlos.

 En cualquier investigación y en cualquier recorrido curatorial existen recortes y omisiones. Nuestra intención no es tanto brindar un canon preciso o completo, sino delinear una cartografía a partir de cinco ejes o problemas. En esta línea de pensamiento, formulamos la posibilidad de un itinerario cuyas bases se cimientan en las Genealogías. Estas oficiarán como punto de partida de la exposición, recuperando esos modos de vida, militancia y arte que en sus mutaciones entre pasado y futuridad generan distintos anclajes historiográficos para pensar los feminismos y las diversidades en la actualidad. A partir de este eje se proyectarán los siguientes: Cuerpo-Territorio, Vínculos-Deseos, Trabajo e Imaginarios. El criterio de calidad, deudor tanto de la tradición académica como de la herencia modernista, se ha puesto en jaque durante las últimas décadas. En este sentido, entendemos que las valoraciones en torno a las obras responden a situaciones precisas y surgen de lecturas situadas. Más que responder a un conjunto de características ya definidas, las obras y eventos seleccionados exhiben una creatividad política y transforman radicalmente la noción de arte.

Georgina Gluzman, Cecilia Palmeiro, Nancy Rojas y Julia Rosemberg

#1 Genealogías

Desde hace por lo menos diez años en nuestro país se vive un proceso de masificación y popularización de las políticas del deseo (feminismos y LGBTIQ). Un hecho que si bien sucede en diferentes partes del mundo, en Argentina fue tomando una profundidad única. Esto produjo la reaparición en escena de sujetos políticos que impusieron nuevas discusiones, miradas y luchas en la agenda pública. Estos últimos diez años de movilizaciones y fuerte protagonismo de los feminismos y de las disidencias no nacieron espontáneamente, sino que tienen tradiciones sobre las que se montan. Pero no se tratará de proponer una historia unívoca y lineal sino que la apuesta es narrarnos a partir de una multiplicidad de tradiciones y retazos del pasado que convocamos desde este presente. Se trata de pensar en la posibilidad de crear una historia feminista que cuestione los modos tradicionales de narrar, a la vez que descree que el ejercicio a realizar sea únicamente sumar mujeres o disidencias a una línea histórica tradicional. Más bien se trata de retomar aquellos fragmentos del pasado olvidados, desplazados que gracias a las nuevas miradas del presente toman otro relieve.

Genealogías feministas

Como territorio que formó parte de la colonización española, nuestra historia posee una larga tradición de opresiones. En la época colonial, en el siglo XVIII, hay registros tanto en Santiago del Estero como en Tucumán de que mujeres indígenas a las que el poder consideraban brujas fueron condenadas por hechiceras. [1]  La quema de brujas fue un procedimiento fundamental en la “extirpación de idolatrías”, proceso con el que la Iglesia (en su brazo inquisitorial) llamó a la conquista y colonización de los cuerpos y que fue condición de posibilidad de la acumulación y expansión capitalista. El hecho de atacar los cuerpos de mujeres, sus saberes y su autonomía tuvo como objetivo el disciplinamiento y hacernos sujetos explotables. Esta tesis es desarrollada en uno de los libros pioneros en pensar la historia desde una perspectiva feminista Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, de Silvia Federici. [2]  En el presente, una frase cantada en las marchas, pintada en paredes, remeras, calles, retoma parte de esta historia: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”.

A estas mujeres indígenas les siguieron otras: las mujeres afrodescendientes esclavizadas, las mujeres migrantes empobrecidas de fines del siglo XIX, las anarquistas y las sufragistas, las mujeres del Partido

Peronista Femenino, las mujeres que fundaron las primeras organizaciones en reconocerse feministas en la década del 70 en todo el continente, las que con el comienzo de la democracia comenzaron a luchar por legalizar el aborto, las mujeres, lesbianas, travestis y trans que hace 35 años se juntan en lo que hoy se llama Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersex, Bisexuales y No binaries, y les que organizaron y siguen armando las marchas del orgullo.

[1]  Véase Judith Farberman, Las salamancas de Lorenza. Magia, hechicería y curanderismo en el Tucumán colonial, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005.

[2] Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva, Buenos Aires,Tinta Limón, 2015 [2004].

 La figura de las locas

La figura de la loca aparece con fuerza en nuestra cultura con el tango a principios del siglo XX. 3 La loca representaba ahí a aquella mujer que estaba por fuera de la norma. A modo de insulto, de término peyorativo, marcaba a las mujeres liberadas, que tenían relaciones sexuales por fuera del matrimonio, las “putas” eran las locas. El deseo femenino era entonces patologizado. Es un término que buscaba disciplinar, con una carga moral. Esto iba de la mano de una mirada que entendía a la homosexualidad como perversión y enfermedad. La “putez” que afecta a “putos” y “putas” era entendida en términos psiquiátricos moralistas. Con el paso del tiempo la figura de la loca pasó a representar la convergencia entre feministas y homosexuales que en nuestro país se dio en un primer momento con el Frente de Liberación Homosexual (FLH), que buscaba actuar contra la represión sexual y la represión estatal. Lafigura de la loca en referencia a las maricas afeminadas de alguna manera se propuso como una apuesta que desestabiliza los modelos binarios de masculinidad y femineidad. De esta manera, asumirse marica y asumirse loca es una forma de resistencia ante el patriarcado. La categoría loca genera así alianzas en un intento de politizar el placer. Definido por un dispositivo en el que convergen la psiquiatrización y la
criminalización de la disidencia sexual y de género, el reino de la loca se transforma así en plataforma de las búsquedas más radicales de libertad y los reclamos más estridentes por la igualdad. Locas son también las travestis y las trans, les no binaries y todes les que caigan fuera del patrón masculino universal hegemónico.
De locas también fueron acusadas las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que con los pañales de sus hijos en la cabeza se animaron a la creatividad para poder manifestarse: las rondas alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Evitaban así la prohibición dictatorial de movilizarse públicamente.
También esta figura de la loca fue utilizada para criticar a las mujeres peronistas, Eva Perón y Cristina Kirchner como los ejemplos más contundentes. Muchos años después, esa figura de la loca peligrosa se desplazó hacia otro término: las “feminazis”, que son demonizadas por los medios masivos de comunicación y criminalizadas en la protesta social.

Eva

Eva Perón es una de las figuras más anacrónicas de nuestra historia en tanto y en cuanto fue recuperada a lo largo del tiempo desde diferentes presentes. Fue resignificada a partir de su muerte cobrando distintos sentidos: desde la Eva montonera, la Santa Evita, hasta la versión trans de Copi, y la trash de Perlongher. Desde hace un tiempo a esta parte, gracias al auge de los feminismos, se prolongó una mirada sobre el pasado en clave de género. En particular, este movimiento sobre Eva Perón permitió poner de relieve aspectos de su vida que por una mirada patriarcal de la historia se había mantenido negada o silenciada. Especialmente a lo que hace a su rol en tanto dirigenta política: durante décadas se construyó una figura de Eva a la cual se le quitaba su densidad política. En el presente toma volumen la pregunta acerca de cómo pensar a Eva Perón desde una perspectiva de género. No sólo por su relación con la sanción de la ley 13.010 en 1947 que otorgó los derechos políticos a las mujeres, sino fundamentalmente por la creación y conducción del Partido Peronista Femenino que incorporó por primera vez en la historia argentina de manera masiva a las mujeres en la política. A la vez fue el partido que permitió el ingreso en 1951 de un centenar de diputadas y senadoras a los congresos nacionales y provinciales.[3]

Así, la iconografía de Eva también fue reactualizada colocándola con el pañuelo verde a favor del aborto o besándose con Cristina Kirchner en una versión tortillera. En el centenario de su nacimiento, que se cumplió en 2019, un grupo performático llamado Comando Evita convocó de manera masiva a personificar a Eva Perón en el espacio público en diversas oportunidades.[4] También se llevó adelante la Caravana de las 100 Evitas, una propuesta organizada por la colectiva Mixta de Cultura de Rosario interpretada por cien mujeres y disidencias caracterizadas como Evita. Se trasladaron en tranvía y luego a pie por distintos puntos de la ciudad para terminar en un teatro.

El pañuelo como emblema

El pañuelo como símbolo tiene una larguísima tradición en la lucha de las mujeres por sus derechos. Desde las sufragistas británicas, que representaron uno de los grupos de mujeres más radicalizados de comienzos del siglo XX, pasando por las delegadas del Partido Peronista Femenino, hasta el más conocido de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Con la potencia de los símbolos, el pañuelo fue retomado y resignificado a lo largo de nuestra historia.

2018 fue el año en que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito se instaló en la opinión pública, al ser tratado en el Congreso nacional un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. Los movimientos feministas congregaron frente al Congreso una multitud enorme para apoyar la sanción, que fue acompañada de diversos “pañuelazos” que se dieron alrededor del mundo. Además, diversos países latinoamericanos (como Chile, Brasil, Venezuela, México o Ecuador) lanzaron sus campañas por el aborto legal, muchos de ellos con pañuelos verdes.

Finalmente, el 30 de diciembre de 2020, se sancionó la ley de interrupción voluntaria del embarazo en la Argentina.

[3]  Julia Rosemberg, Eva y las mujeres: historia de una irreverencia, Buenos Aires, Ediciones Futurock, 2019.

[4] Véase, por ejemplo,  https://youtu.be/9wKf-_LTl5M, https://youtu.be/HI39LWFQQ5Q y https://youtu.be/sHd-1BpIrD8.

Este eje tendrá en el centro el concepto de “cuerpo-territorio” nacido de las luchas de los últimos años. El mismo entiende que los cuerpos y los territorios son objeto de conquista: aquello que se explota, que se violenta, que se domina. Como propone Verónica Gago, “cada cuerpo es un territorio de batalla” y por ende el “cuerpo/territorio” es algo dinámico y en permanente conflicto.

Además, esta idea propone que es imposible aislar el cuerpo individual del colectivo, el cuerpo del territorio, atrás queda la idea liberal del individuo, del “yo”, muy por el contrario los movimientos feministas y de diversidades surgidos en los últimos años tienen como premisa que ambos deben ser comprendidos dentro de una trama, de un tejido mayor. Y pone en primer plano la necesidad de las alianzas que crean nuevos modos de organización, de sociabilidad.

#2 Cuerpo-territorio

Este eje tendrá en el centro el concepto de “cuerpo-territorio” nacido de las luchas de los últimos años. El mismo entiende que los cuerpos y los territorios son objeto de conquista: aquello que se explota, que se violenta, que se domina. Como propone Verónica Gago, “cada cuerpo es un territorio de batalla” y por ende el “cuerpo/territorio” es algo dinámico y en permanente conflicto.

Además, esta idea propone que es imposible aislar el cuerpo individual del colectivo, el cuerpo del territorio, atrás queda la idea liberal del individuo, del “yo”, muy por el contrario los movimientos feministas y de diversidades surgidos en los últimos años tienen como premisa que ambos deben ser comprendidos dentro de una trama, de un tejido mayor. Y pone en primer plano la necesidad de las alianzas que crean nuevos modos de organización, de sociabilidad.


Nuevos imaginarios de la corporalidad

Cuerpo-territorio es un término que crearon los feminismos comunitarios e indígenas centroamericanos en defensa de los bosques, de las aguas y de los cuerpos feminizados, que en los últimos cinco años se volvió una idea-fuerza central de las luchas feministas decoloniales que proclaman que “ni nuestros cuerpos ni nuestros territorios son objetos de conquista”. Esta conceptualización no reproduce simplemente el estereotipo que asocia a las mujeres con la naturaleza según los binarismos ya conocidos de cultura-naturaleza, mente-cuerpo, hombre-mujer, civilización-barbarie. Se trata de un término teórico-político de mucha mayor complejidad. En su libro La potencia feminista, Verónica Gago rastrea la idea-fuerza de cuerpo-territorio en el sentido de algunas teorizaciones anteriores, sobre las mujeres en tanto colonias: “como territorios de saqueo sobre los que se extrae riqueza a fuerza de violencia”. Esta imagen nos permite elaborar un análisis de la relación entre patriarcado y colonialismo, siguiendo también la lectura de Silvia Federici sobre la relación entre violencia contra las mujeres y acumulación originaria en Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Una de las hipótesis centrales de ese libro es que se rebaja a las mujeres como sujetas y como productoras de valor para convertirlas en mano de obra barata y explotable. Junto con otras autoras pusieron de manifiesto que los cuerpos feminizados pensados como colonias presentan como “recursos gratis” el trabajo reproductivo y, como consecuencia, como recurso barato, el trabajo productivo en sus estratos menores (trabajadores campesines, villeres, migrantes, etc). Así es como se articulan ambos tipos de trabajo (uno bajándole el precio al otro), y entre ambos, bajándole el precio también al trabajo de los varones. Ese es uno de los múltiples sentidos en los que el feminismo es para todo el mundo, para decirlo con bell hooks.

Ecofeminismo

Siguiendo en esta línea de cuerpo-territorio puede afirmarse que despatriarcalizar es a la vez descolonizar. En esa clave puede leerse la militancia en defensa de los territorios liderada mayormente por mujeres contra los proyectos megaextractivistas. La noción de cuerpo-territorio permite enlazar los efectos de la mega extracción como saqueo y destrucción de los territorios sobre las vidas humanas y animales, y en particular como estas violencias se ejercen a la vez contra la biosfera y las vidas de las mujeres a cargo de la reproducción social. La violencia extractiva contra los territorios por parte del agronegocio y la megaminería produce violencias contra las mujeres por sus efectos sobre la salud y la alimentación, poniendo en crisis la trama de la vida en su totalidad. Es así que el cuerpo no puede pensarse por fuera de su conexión con el territorio que lo rodea y lo sustenta. Cuerpo-territorio es entonces una lente que permite percibir al cuerpo como territorio y al territorio como cuerpo articulando las luchas feministas con las ambientalistas. Pero no un ambientalismo neoliberal al estilo de las ONGs internacionales, sino a través de formar un antiespecismo radical.

Salud feminista y buen vivir

El concepto de acuerpamiento como sanación de cuerpo-territorio tiene como correlato el germen de un nuevo concepto de salud feminista. Este viene desarrollándose desde abajo, en horizontalidad y transversalidad a partir de las luchas por la legalización del aborto y de cuidado de la biosfera en tanto cuerpo-territorio. Organizaciones como Soberanía Sanitaria a través de sus rondas con aliadas (Ronderas Feministas) van construyendo esta teoría como práctica micropolítica a la vez que se va politizando el concepto de cuidado. La presencia de estas compañeras en los Ministerios de las Mujeres, Géneros y Diversidades, a nivel nacional y provincial, resulta fundamental para la implementación de estas concepciones en tanto políticas de Estado. Organizaciones del activismo cannábico como Mamá Cultiva han avanzado en la puesta en práctica de una salud feminista en términos de autonomía y soberanía sanitaria, poniendo en cuestión las divisiones entre lo medicinal y lo recreativo, ampliando de esa manera la noción de salud como buen vivir.

#NiUnaMenos

Este colectivo fue central en la ocupación del territorio en los últimos cinco años en nuestro país, pero también con mucha incidencia en otras partes del mapa. Con la masiva movilización de 2015 nace una nueva etapa del feminismo, ahora masivo y popular, marcada por la emergencia de la palabra clave #NiUnaMenos.

Este colectivo nace poco antes del triunfo electoral de la Alianza Cambiemos, una coalición de neoliberales y neoconservadores que significó un importante giro luego de doce años de políticas progresistas. Comenzaba así una restauración conservadora que apuntaba a dos niveles interconectados e interdependientes: “Por una lado, una restauración del orden patriarcal sobre los cuerpos femeninos y feminizados, desjerarquizándolos y reubicándolos en la posición subalterna que estaba siendo cuestionada gracias a las políticas de ampliación de derechos (como las leyes de matrimonio igualitario de 2010 y de identidad de género de 2012); y a otro nivel, a través del ataque y cercamiento a subjetividades minoritarias (mujeres, lesbianas, travestis y trans, migrantes, jóvenes, jubiladas, etc.), se estaban sentando las bases y la legitimidad social para una restauración de los privilegios de las viejas y nuevas oligarquías. Se gestaba así una nueva etapa de explotación y extractivismo de los cuerpos-territorios, como condición de posibilidad de una nueva fase brutal de acumulación capitalista. El ajuste, el recorte de los gastos de bienestar social y el desmantelamiento de los programas de prevención de la violencia y cuidado a las víctimas se montan sobre un discurso machista, racista y clasista articulado en torno al fenómeno mediático del femicidio”. Ante esto, una de las estrategias claves de los años siguientes fue la ocupación del espacio público.


Marchas del orgullo

La primera “Marcha del orgullo gay y lésbico” se realizó el 2 de julio de 1992 con alrededor de 300 personas, muchas de ellas con máscaras, cerca del aniversario de la revuelta de Stonewall, hito fundacional del “Gay Power” como se lo llamaba entonces. Actualmente, las marchas en la Argentina se realizan en noviembre para celebrar la fundación de Nuestro Mundo, el primer grupo “homosexual” de la Argentina, que formó parte del Frente de Liberación Homosexual, y también para no comprometer la salud de las personas con VIH en el invierno.

A partir de la tensión entre lo festivo y lo reivindicativo, y en relación con el concepto de “disidencias” se acuñó el concepto de “orgullo crítico” como resistencia frente a la comercialización y despolitización de las marchas del orgullo como fenómeno global. En la Argentina, este proceso comenzó en 2015 con la fundación de Orgullo en Lucha y la Carroza Loca. La carroza Loca intentaba politizar lo festivo disolviendo la dicotomía entre fiesta y protesta, así como utilizando el concepto trans identitario/antiidentitario de Loca, como término paraguas que permite pensar todos cuerpos de alguna manera feminizados (mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, maricas, etc).

Mientras que en la ciudad de Buenos Aires en los últimos años hay tendencias hacia la comercialización y el vaciamiento ideológico de las marchas, en las ciudades y pueblos más pequeños vemos ocurrir otro proceso más interesante de visibilización, interseccionalidad y transversalidad de las luchas. El activismo cuir local se multiplicó en el país a partir del debate por el Matrimonio Igualitario, la ley de identidad de género y se potenció desde 2015 con la marea feminista y en particular con la intensificación de las luchas por aborto legal en 2018. En la actualidad hay 77 Marchas del Orgullo.